Las claves del Informe Anual 2025 del Banco de España
La economía española creció un 2,8% en 2025, frente al 1,4% registrado en el conjunto de la Unión Económica y Monetaria. La inversión productiva avanzó un 5,8% y el empleo mantuvo un comportamiento positivo.
A primera vista, el escenario parece favorable para las empresas.
Sin embargo, cuando ampliamos el foco aparece uno de los grandes retos estructurales de nuestra economía: España sigue teniendo dificultades para conseguir que sus empresas ganen tamaño, productividad y capacidad para competir.
Esta es precisamente una de las cuestiones a las que el Banco de España dedica una parte relevante de su Informe Anual 2025: “El reto de la productividad y el crecimiento empresarial: el papel de la financiación”.
Y sus conclusiones dejan varias reflexiones interesantes para empresarios y propietarios de compañías.
España necesita empresas capaces de ganar escala
El tejido empresarial español ha evolucionado favorablemente durante los últimos años. Desde 2013 se ha reducido el peso de las microempresas y ha aumentado el de las grandes compañías.
Sin embargo, las microempresas siguen teniendo una presencia elevada en comparación con otras economías europeas y, además, las empresas españolas presentan niveles de productividad inferiores a los del resto de la UEM en todos los estratos de tamaño.
El Banco de España señala también otro elemento especialmente relevante: el reducido número de grandes empresas altamente productivas limita la capacidad del tejido empresarial español para impulsar la productividad agregada.
Por tanto, el reto no consiste únicamente en crear nuevas empresas.
También necesitamos conseguir que aquellas compañías con mayor potencial puedan crecer, consolidarse y alcanzar una escala mayor.
La brecha de productividad se reduce, pero sigue siendo importante
Hay avances.
La brecha negativa acumulada de productividad respecto al resto de la UEM se habría reducido desde aproximadamente el 12% en 2013 hasta el 8% en 2025.
Además, desde 2013 se observa una mejora en la asignación del capital y del trabajo entre empresas, de manera que las compañías más productivas han ido ganando peso dentro de sus respectivos sectores.
Pero el propio Banco de España advierte de que este avance podría no ser suficiente para garantizar una convergencia sostenida.
El problema, por tanto, no está únicamente en cuánto crece nuestra economía, sino en qué capacidad tienen nuestras empresas para transformar ese crecimiento en mayor productividad, inversión y escala.
La financiación puede marcar la diferencia entre tener potencial y poder desarrollarlo
Uno de los aspectos más interesantes del informe es el papel que atribuye a la financiación en el crecimiento empresarial.
Desde la crisis financiera, las empresas españolas han reducido considerablemente sus niveles de endeudamiento y han reforzado sus fondos propios. El proceso ha sido especialmente intenso entre las pymes y las empresas con mayores niveles de riesgo.
Al mismo tiempo, también se ha producido una mejora en la asignación del crédito: la financiación bancaria se dirige en mayor medida hacia empresas más productivas, especialmente entre las microempresas.
Sin embargo, siguen existiendo dificultades para determinados perfiles empresariales, especialmente compañías jóvenes, innovadoras o sin un historial crediticio consolidado.
Y aquí aparece una cuestión fundamental.
Una empresa puede tener mercado, producto, talento y capacidad de crecimiento y, aun así, no disponer de la estructura financiera necesaria para aprovechar todo su potencial.
Crecer requiere recursos.
Para invertir, internacionalizarse, incorporar talento, adquirir tecnología, ampliar capacidad productiva o abordar una adquisición.
Más allá del crédito bancario
El informe también pone el foco en la financiación alternativa.
Los mercados de capitales, el crédito privado y el capital riesgo han ganado relevancia durante los últimos años, aunque su peso en España continúa siendo limitado y se concentra especialmente en compañías de mayor tamaño o en fases más maduras.
El dato especialmente interesante aparece al analizar las empresas participadas por capital riesgo.
Según recoge el Banco de España, estas compañías presentan mayores tasas de crecimiento, inversión e innovación, destacando el potencial de este tipo de financiación para empresas jóvenes e innovadoras.
Esto nos lleva a una reflexión importante para cualquier propietario de empresa:
la estructura financiera que ha permitido llegar hasta un determinado punto no tiene por qué ser la más adecuada para afrontar la siguiente etapa.
A medida que una compañía crece, también pueden cambiar sus necesidades de financiación y su estructura de capital.
El crecimiento también puede llegar a través de operaciones corporativas
Aunque el Informe del Banco de España analiza principalmente el papel de la financiación, desde una perspectiva de Corporate Finance existe otra cuestión que merece tenerse en cuenta.
Crecer no significa necesariamente hacerlo únicamente de manera orgánica.
Cuando una empresa alcanza cierto grado de madurez, existen diferentes alternativas para abordar su siguiente etapa.
Una adquisición puede permitir acceder rápidamente a nuevos mercados, capacidades o clientes. La entrada de un socio financiero puede aportar recursos para acelerar un proyecto de expansión. Una reorganización accionarial puede preparar la compañía para una nueva etapa. Y una operación de integración puede permitir alcanzar una escala que sería difícil conseguir exclusivamente mediante crecimiento orgánico.
La cuestión no es elegir una fórmula determinada de antemano.
Es entender qué necesita la compañía, cuál es su situación financiera, qué objetivos tienen sus accionistas y qué alternativa permite generar mayor valor a largo plazo.
La regulación también condiciona la capacidad de crecer
La financiación no es el único obstáculo.
El Banco de España identifica la complejidad y fragmentación regulatoria entre diferentes niveles de la Administración como uno de los factores que generan costes para las empresas y dificultan su expansión geográfica.
Las barreras administrativas pueden terminar afectando especialmente a aquellas compañías que están intentando pasar de una dimensión local o regional a operar en mercados más amplios.
Por eso, hablar de productividad empresarial implica hablar también del entorno en el que las compañías deben crecer.
Financiación, regulación, tecnología, capital humano y capacidad de gestión forman parte de una misma ecuación.
La inteligencia artificial abre otra brecha entre empresas
El informe incorpora además un elemento que tendrá cada vez mayor importancia: la adopción de inteligencia artificial.
El porcentaje de empresas que utilizan tecnologías de IA se duplicó entre 2021 y 2025 en España y en otros países de la UEM.
Pero existe una diferencia importante: más de la mitad de las empresas que utilizan IA son compañías muy grandes, con 250 trabajadores o más.
Las empresas que adoptan estas tecnologías son, de media, más grandes, productivas y cuentan con mayor capital y trabajadores cualificados.
Esto plantea un nuevo desafío.
La IA puede convertirse en una importante palanca de productividad, pero si las pymes encuentran mayores barreras para adoptarla, la tecnología también podría ampliar las diferencias entre las compañías que disponen de recursos para transformar sus procesos y aquellas que no.
Por eso, nuevamente, tamaño, financiación, inversión y productividad aparecen estrechamente relacionados.
¿Qué significa todo esto para un empresario?
Quizá una de las conclusiones más interesantes del Informe Anual 2025 del Banco de España es que tener una empresa rentable no significa necesariamente haber alcanzado todo su potencial.
Hay compañías sólidas que podrían crecer más, pero necesitan inversión.
Otras han alcanzado una dimensión en la que el crecimiento orgánico empieza a ser más lento.
Algunas necesitan profesionalizar su estructura antes de abordar una nueva etapa.
Y otras pueden encontrarse ante una decisión estratégica: adquirir un competidor, incorporar un socio, buscar financiación alternativa, reorganizar el accionariado o incluso plantearse una venta.
Son decisiones diferentes, pero todas parten de una misma pregunta:
¿Cuál es el siguiente paso que permitirá maximizar el valor de la compañía?
Responderla requiere analizar la empresa más allá de sus resultados actuales: su capacidad de generación de caja, endeudamiento, estructura de capital, posición competitiva, oportunidades de crecimiento y objetivos de sus accionistas.
Crecer también consiste en estar preparado para hacerlo
España ha avanzado en productividad y las empresas llegan a esta etapa con una posición financiera más sólida que en ciclos anteriores.
Pero todavía existe una distancia relevante respecto a otras economías europeas.
El reto de los próximos años será conseguir que más empresas con potencial puedan invertir, profesionalizarse, financiarse y ganar escala.
Porque una empresa no crece únicamente porque exista una oportunidad.
Crece cuando tiene la estrategia, la estructura y los recursos necesarios para aprovecharla.
En Confianz acompañamos a empresarios y accionistas en decisiones financieras y corporativas que pueden marcar el futuro de sus compañías: desde la valoración y búsqueda de financiación hasta operaciones de compraventa de empresas, entrada de inversores o procesos de crecimiento inorgánico.
Si tu empresa se encuentra ante una nueva etapa y quieres analizar qué alternativas pueden ayudarte a maximizar su valor, podemos estudiarlo contigo.
